Jugar también es terapia: ideas para estimular a tu hijo o hija en casa
Para un niño, jugar no es perder el tiempo: es la manera en que explora, prueba, se equivoca y aprende. Por eso gran parte del trabajo en terapia se hace a través del juego, y por eso la familia puede ser una aliada enorme sin necesidad de materiales especiales.
Cinco ideas para empezar
- Juegos de manos y canciones: palmas, “Arroz con leche”, juegos de imitación. Trabajan ritmo, atención y lenguaje.
- Circuitos con almohadones: trepar, gatear, saltar y equilibrarse favorece la coordinación y el conocimiento del propio cuerpo.
- Pelotas y globos: pasar, rodar y atrapar entrenan la coordinación ojo-mano y la espera de turnos.
- Cajas de texturas: arroz, telas, esponjas o harina para explorar con las manos; ideal para la integración sensorial.
- Cuentos con voces y gestos: compartir un libro amplía el vocabulario y fortalece el vínculo.
Cómo acompañar sin exigir
- Elegí momentos cortos y tranquilos; diez minutos con buena disposición valen más que una hora forzada.
- Seguí la iniciativa del niño: si algo le interesa, ese es el mejor punto de partida.
- Ofrecé un desafío apenas más difícil que lo que ya domina, y celebrá el intento más que el resultado.
- Apagá las pantallas durante el juego para que la atención sea compartida.
Y si el juego cuesta
Hay niños a los que jugar con otros o con objetos les resulta difícil, o que repiten siempre lo mismo. No es “culpa” de nadie. Si te preocupa, consultá con un profesional: puede orientarte sobre qué actividades se ajustan a las necesidades de tu hijo o hija.
Esta nota es informativa y no reemplaza la valoración de un profesional.